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Hna. Irene Pérez Ruíz

“Yo soy la resurrección y la vida”.

 

 

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La luz de la Pascua nos sigue iluminando en este tiempo litúrgico y nos alegra con la presencia y las apariciones del Resucitado. Esta experiencia pascual ya la está viviendo en plenitud nuestra HNA.IRENE PEREZ RUIZ. Ayer, día 15 de mayo de 2017, el Señor llamó a su puerta y la invitó a celebrar el Banquete eterno. Tenía 99 años de edad y 80 de Vida Consagrada; ha fallecido en la comunidad “El Carmen”, Burgos.     

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Camino recorrido

Hna. Irene nació en Quintanapalla (Burgos) el día 20 de febrero de 1918 y profesó, como Carmelita Misionera, en Barcelona, el 10 de julio de 1936; desde muy joven entregó su vida al servicio de “Dios y de los prójimos”. Durante 80 años ha realizado una hermosa misión en educación, catequesis y servicios comunitarios; destacamos los lugares más significativos de su trayectoria vocacional: Colegios de Deba y Beasaín (Guipúzcoa) y “Niño Jesús de Praga” en San Sebastián, donde estuvo 17 años entregada a la educación de los más pequeños; también los Colegios de Santa Lucía de Gordón (León) y Zaragoza recuerdan su presencia y dedicación. Ha estado en otras comunidades y misiones, destacamos la Residencia “El Carmen” de San Sebastián, Livron (Francia) y “Madre de la Iglesia”, Burgos. En el año 1994 fue destinada a la comunidad “El Carmen” de Burgos, los primeros años colaboró en diferentes actividades. Posteriormente necesitó ser ayudada. En esta ciudad burgalesa ha estado un largo periodo de su vida, creciendo en identificación con el Cristo sufriente y asumiendo sus limitaciones físicas; en la tarde del día quince, mientras dos hermanas la acompañaban rezando el rosario y con la paz de quien se sabe en las manos del Señor, entró en la Casa del Padre, donde él la esperaba con los brazos abiertos junto con María, la Madre del Carmelo. 

 

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Huella que ha dejado:

Los pies de nuestra hermana Irene nos dejan la huella de una vida entregada al servicio de los hermanos y de una respuesta fiel y generosa a la llamada del Señor “ven y sígueme”, hecho realidad en el día a día. La recordamos con gratitud por su sencillez, disponibilidad y servicio, por su fraternidad y espíritu de familia. Mujer abierta, con interés por todo y por todas, especialmente por los acontecimientos de la Congregación, de la Iglesia, de la humanidad; le gustaba estar al día y, cuando ya no podía leer por su falta de visión, oraba intensamente. Muy amante de la Virgen y del rezo del Rosario, como Francisco Palau “a ella le confiaba todas sus cosas”.

En comunión de oramos y damos gracias al Señor por la huella de su caminar en comunidad y en el servicio al Reino. Oramos por ella y le deseamos la plenitud de la VIDA. Contamos con su intercesión; que ella nos ayude a crecer en el Amor y a ser testigos de la luz y el gozo de la Pascua.

 

Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 16 de Mayo de 2017

 



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