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Hna. Mª Montserrat Petit Miret

“Estoy a la puerta y llamo”.

 

 

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Acabamos de celebrar la solemnidad de nuestra Madre del Carmen, en la que juntas hemos disfrutado de este día festivo y fraterno. Hoy, con espíritu carmelitano, decimos adiós a nuestra querida hermana MARÍA MONTSERRAT PETIT MIRET; falleció el día 15 de julio de 2017, a los 75 años de edad y 57 de Vida Consagrada, en la comunidad “Santa Teresa”, Enfermería Casa Madre, Barcelona. Por la fe en la Palabra sabemos que ha llegado a la meta, con su lámpara encendida y en actitud vigilante esperando la invitación del Señor a participar en el Banquete del Reino, donde todo dolor se transforma en gozo eterno.

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Camino recorrido 

Hna. Montserrat nació en Vilagrasa (Lérida), el 16 de enero de 1942 y profesó en Pamplona el 11 de mayo de 1960. En su vocación de Carmelita Misionera influyó, sin duda, el testimonio de las hermanas del Colegio “El Carmelo” de Tárrega, donde cursó sus estudios. Al releer su trayectoria vocacional, durante los 57 años de entrega al servicio de “Dios y los hermanos”, la recordamos en diferentes comunidades: “Virgen del Carmen”, El Prat de Llobregat (Barcelona); Villacarlos (Menorca); “Santa María del Mar”, Barcelona; “Santa Teresa”, Tarrasa; “El Carmelo”, Tárrega; “San José”, Barcelona; “San José”, Navás; “Santa Teresa”-Sants, Barcelona. Del 1993 al 1997 estuvo cuidando a su madre y posteriormente atendiéndola en el Hospital de Tárrega. En el año 2001 se incardina en la comunidad “Ntra. Sra. de las Virtudes”, también de Tárrega. Su enfermedad la fue limitando considerablemente y en el año 2013 fue trasladada a la enfermería de la Casa Madre, Barcelona. Y de allí al Cielo, donde ya goza de la presencia del Señor y de María, la Madre del Carmelo.

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Huella que ha dejado:

La huella de nuestra Hermana refleja, principalmente, su fidelidad vocacional y entrega generosa al servicio de los hermanos, a los niños y jóvenes en los Colegios de las Carmelitas Misioneras. Su amor a la Congregación, a la Iglesia. La luz de la fe y esperanza con las que vivió las diferentes etapas de su vida y con las que fue iluminando el camino de los que pasaban a su lado. Su amor a María, la Virgen de Monserrat, a ella confiaba todas sus cosas. La responsabilidad que ponía en los servicios, grandes o pequeños, que se le confiaban. Su interés por autoformarse y el deseo de conocer e investigar todo aquello que fuera de utilidad para los demás. Su fortaleza para aceptar el sufrimiento y la cruz, descubriendo en ella la voluntad del Señor. ¡Gracias Montserrat!

En comunión con todo el Carmelo Misionero oramos por nuestra Hermana para que el Señor la acoja en la casa del Padre y la haga gozar para siempre de su compañía y de su amor. Contamos con su intercesión.

 

Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 17 de julio 2017

 



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