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Hna. Amalia Huici Carrera

“he corrido hasta la meta, he mantenido la fe...”

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La experiencia de resurrección está presente entre nosotras, ya tenemos otra hermana celebrando la Pascua eterna. El 30 de enero de 2018 el Señor llamó a nuestra querida HERMANA AMALIA HUICI CARRERA a participar en el Banquete eterno. Las palabras de San Pablo: “he corrido hasta la meta, he mantenido la fe...” se las podemos aplicar a nuestra Hermana, ella ya ha llegado a la meta, se ha encontrado con Jesús y, ahora descansa en la paz de los justos. Ha fallecido a los 95 años de edad y 69 de Vida Consagrada, en la comunidad “San José”, Podere Zara de Roma (Italia).

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Camino recorrido 

 

Hna. Amalia nació el día 6 mayo de 1922 en Usurbil (San Sebastián) y profesó en el Carmelo Misionero el día 31 de agosto de 1948 en el noviciado de Pamplona (España). En su trayectoria vocacional la recordamos en dos lugares muy concretos de la geografía congregacional: Cuba y Roma.  En enero de 1953 fue destinada a Camagüey (Cuba) y en el 1959 a la Habana (Cuba), Colegio “Virgen del Carmen”; lugar de experiencias profundas que Amalia guardaba en su corazón. En el año 1963 se incardina en las comunidades de Roma, donde ha estado la mayor parte de su vida; recordar la casa general, es recordar a Amalia, la fiel portera que contagiaba paz y serenidad, prudencia y delicadeza.  En el 2000 fue destinada a la comunidad “San José”, Podere Zara, Roma. Aquí ha vivido la larga espera de su paso a la Vida, con gran limitación física, pero con la bondad en el rostro, fruto de su paz y confianza en el Señor. Y así, en silencio, como ha vivido, manteniendo su lámpara encendida, ha partido a la casa del Padre.

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Huella que ha dejado:

 

Hna. Amalia deja una profunda huella en su caminar y un gran testimonio de fidelidad y entrega. Era una persona vocacionada, de corazón grande, sencilla y acogedora, detallista y bondadosa, de pocas palabras, intuitiva para adivinar las necesidades de los que la rodeaban y prestarles su ayuda incondicional. Atenta y educada en el trato; muy responsable en los trabajos y servicios quela Congregaciónle ha confiado. Mujer de fe profunda y fuerte en el sufrimiento, como lo ha demostrado en el proceso de su enfermedad; ha sufrido en silencio los últimos años de su vida, postrada en cama, ni una palabra, ni un lamento… con la mirada manifestaba su gratitud por la presencia, el cariño y los cuidados.  Su testimonio sigue vivo entre nosotras.  

 

 

Como Familia de hermanas damos gracias y oramos por Amalia. Pedimos al Señor que la acoja en su Reino de amor y de paz. Contamos con su intercesión; que ella nos siga bendiciendo desde el cielo y nos ayude a reforzar nuestra entrega y servicio a Dios y a los hermanos. 

 

Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 1 de febrero de 2018



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