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Tiempo de silencio interior

Expresiones varias... VIDA EREMÍTICA URBANA

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Estamos en pleno verano, momento de descanso, de pausa en las tareas de cada día. Seamos creyentes o no, pienso que es un buen momento para hacernos una mirada a nuestro interior, para conocernos más y mejor a nosotros mismos. Sería más o menos para evaluarnos, como si hiciéramos una auditoría de nuestro comportamiento, de nuestros gestos cotidianos, aquellos que son verdaderamente importantes. Aquellos gestos que marquen nuestra personalidad, nuestra manera de ser, de entender al mundo y las relaciones con nuestro entorno. Vivimos en una sociedad marcada por la hiper-comunicación, estamos constantemente conectados, ya sea redes sociales u otras aplicaciones, a través de las cuales  tenemos una amplitud de comunicaciones… Pero tengo mis dudas que esta manera de comunicación sea efectiva desde el punto de vista estrictamente más personal, de las relaciones y los vínculos emocionales. Desde aquí, quiero reivindicar tiempo de silencio interior, de parón y desconexión con lo exterior, con el fin de regresar renovados y seguir dando importancia a los pequeños gestos de nuestra convivencia con un amor incondicional, totalmente gratuito… 

 

Francisca, háblanos de tu enfoque interior, sobre los espacios de silencio y soledad.

Siento una fuerte llamada al silencio, intento custodiarlo en mi entorno, no necesito mucho, solo una pequeña habitación (cueva), donde me puedo aislar y recoger. Simplemente leo, oro, me pongo a la escucha y escribo… y lo voy transmitiendo poco a poco, desarrollando el Proyecto Palautiano (hoja aparte).

Vivo en comunidad que me apoya y respeta, y que yo amo y me entrego. Hablo, me comunico con la gente, hay personas que piden ser escuchadas, algunas depositan el peso de su dolor o piden orientación para su vida, es toda una pastoral de la acogida y acompañamiento. Dentro del movimiento que puedo tener, defiendo mis espacios de silencio y oración que  es lo que me mantiene “viva”.

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Nuestra comunidad tiene la Ermita urbana “Nuestra Señora de las Virtudes” como lugar apropiado para ofrecerlo a las personas que quieran hacer experiencia de “cueva”. Con austeridad me sirvo de los medios de comunicación para conectar con la gente, confeccionando y enviando material palautiano,y colaborando en mantener viva la Memoria Histórica; sin memoria no hay supervivencia; cuando perdemos la memoria, perdemos la identidad.

La Historia de la Congregación está siempre abierta al soplo renovador del Espíritu. Sabemos que una planta siempre hace referencia a una semilla que ha ido creciendo hasta su pleno desarrollo y un árbol vive de sus raíces, hundidas en la tierra, nuestra Congregación también tiene su semilla y sus raíces, su historia de gracia. Parece imposible permanecer, vivir la vida contemplativa en la agitada atmósfera de la ciudad.

Una soledad equilibrada surge de una saludable visión de la realidad. ¿Por qué ésta decisión? lo primero que tengo que decir, es que se trata de un llamado especial (vocación), concretamente poder vivir en éste lugar carismático la faceta del P. Palau, ermitaño urbano, para mí es un desafío.

Llegó un momento de mi vida que sentí la urgencia de reducir marcha y empecé a valorar más la soledad, el silencio… Esto me llevó a entrar más en mi interior y todo lo que tocaba era desde la paz y la serenidad, el Proyecto Palautiano iba tomando más fuerza. Lo que sí quiero decir es que la vida eremítica urbana no es para personas que necesiten una cura terapéutica, no son momentos para personas con dificultades de fraternidad.

El discernimiento es lo primero en poner en práctica, para descubrir la verdad de la llamada. El abrazar el silencio, soledad, no nos hace sordos a los gritos de los pobres, ni ciegos a las necesidades de los otros, al contrario, se nos abren espacios de acogida y de sensibilidad.

Tener un tiempo de estudio palautiano para aportar más en materiales e ideas para una profundización carismática. Mantener el corazón atento a tantas urgencias dentro de un equilibrio en la donación: “Amor a Dios-Amor al prójimo”. Siempre abiertas a la voluntad de Dios. Un lugar para cultivar la dinámica contemplación en misión.

Pienso que la vida eremítica tendría que estar integrada en el proyecto de la Congregación.

“Quedé tan cambiado y tan nuevo que su presencia renovó alma y cuerpo” (M. Rel. Frag. V, 3)    

                                                                                    Francisca Esquius C.M



Abandonarse receptivamente »

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