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Hna Mª del Carmen Goñi

De Navarra a la Argentina y regreso al Norte de España

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Hna Mª del Carmen Goñi nació el Loza. Loza es un concejo del municipio de Berrioplano, situado en la cuenca de Pamplona. En su término tuvieron posesiones la Catedral de Pamplona, el monasterio de Irache y los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, las monjas de Santa Engracia y San Pedro de Ribas, o familias tan ilustres como los marqueses de Fontellas, Góngora, el conde de Guendulain,… hoy, en situaciones normales Loza, pegadito a Pamplona cuenta con unos 60 habitantes fijos. Allí en un caserio a la entrada de Loza nació y vivió Hna Carmen y allí sigue yendo puntualmente cada verano a disfrutar y dejarse querer, y mucho, por sus sobrinos y resobrinos.

A Carmen no le importa decirnos que nació allá en el año 20 y que la guerra la cogió mocita. No quiere recordar sus horrores y ama la paz, esa paz que nace de cada persona y que contagia a su alrededor.

¿Carmen que recuerdas de esos primeros años?

Vivíamos sencillamente pero no nos faltaba de nada en el caserío. Estudié en las Dominicas de Pamplona, íbamos cada día de Loza a Pamplona con la bicicleta. Recuerdo la guerra y el partir de mis hermanos a ella. Eso no lo quiero recordar. También íbamos un buen grupo de jóvenes de Pamplona a visitar a las hermanas, nos querían mucho. Allí nos recibía la Madre Aurora Ugalde.

¿Y la idea de irte al convento, la llamada, tu vocación?

Que yo recuerde quería ser religiosas desde niña. A los 20 años, al poco tiempo de acabar la guerra me fui al noviciado de Pamplona. Yo ya conocía a las Carmelitas Misioneras, no solo por nuestras visitas al Convento sino porque allí estaba ya, desde hacía algunos años, mi hermana María, que fue del grupo que estrenó el convento de Pamplona.

Y nada más profesar… ¿al barco?

No, nada más terminar el noviciado estuve poco tiempo en Pamplona con la Madre Aurora, cerca del noviciado y después dos años en Deba con los niños y niñas ¡eran tan buenos!. También estaban los ancianos pero yo estaba con los niños. Fueron tiempos duros y muy felices. Recuerdo a la Hna Cirila y a otras muchas. Ésta iba por los caserios a pedir para nosotras los niños y los ancianos. Así vivíamos. Luego estuve algún tiempo en Barcelona y de allí sí, de allí al barco, rumbo a la Argentina. Fuimos 11, todas más o menos jóvenes y diciendo adiós a España, creíamos, para siempre.

¿A fundar?

No, a Argentina se había ido en 1910 y cuando llegamos nosotras ya había muchas casas, clínicas, colegios; a nos mandaban a Buenos Aires, a la Casa Provincial, conociendo su sociedad y haciéndonos a ella. Estaríamos allí unos dos años.

¿Y luego?

Luego cada una a un sitio. Yo fui a Rio Cuarto, allí teníamos un asilo de niños pobres, rechazados por sus padres. También había colegio. Cuando salían de allí eran ya muy mayores, tanto que algunos quedaban empleados en el mismo colegio.

¿Estuviste mucho tiempo en Argentina?

Tanto como para tener ambas nacionalidades, la Argentina y la Española. Estuve 35 años, de ellos 29 en Rio Cuarto, en el colegio-asilo.

Y contra todo pronóstico volvisteis a España ¿para quedarte?

No, comenzamos a venir cada cierto tiempo, aunque no podíamos visitar a nuestras familias. Recuerdo que en uno de mis viajes, y siendo mi padre ya muy mayor, la hna Carmen Soto, que era provincial me dejó visitarles y por lo menos pude verle. También me llevó unos días a San Sebastián para que lo conociera. Luego ya empezamos a poder pasar unos días con nuestras familias.

¿y te quedaste?

Tenía 60 años, mi madre murió mientras yo estaba en la Argentina y mi padre estaba ya muy mayor y enfermo. Pedí quedarme, aunque hoy todavía guardo mis mejores recuerdos y afectos en Argentina. Todavía tengo alumnas con las que hablo por teléfono e incluso han venido a verme.

¿Te costó hacerte de nuevo a esta realidad?

He sido aquí también muy feliz. Me trajeron a San Sebastián y estuve al frente del personal de limpieza y comedor durante 18 años. Que me encargaran del comedor fue un regalo porque los niños hoy y siempre me han encantado.

¿Qué ha cambiado la Congregación desde que entraste hasta ahora?

Ha cambiado mucho, es más abierta y humana, pero al mismo tiempo nos estamos haciendo mayores y ya no hay esa alegría y energía que había cuando entre nuestros claustros se veía la juventud y la madurez conviviendo en un mismo espacio.

¿Qué les dirías a las hermanas jóvenes?

Que no lo tienen fácil, nuestra sociedad ha cambiado mucho, nosotras no hemos cambiado tanto y nos vamos haciendo muy mayores, pero que no pierdan la fe y la esperanza, la obra es de Dios y Dios se ocupa de ella, en buenas manos estamos si lo fácil y lo difícil lo hacemos siempre con amor.

Gracias Carmen, Carmen se ríe mucho, lo ha hecho durante toda la entrevista y la termina de la misma manera. Acepta sus limitaciones sin quejas, esas piernas… pero el bastón ayuda; en Navidad seguirá recordando a los tutores de las clases de los mayores que hay que poner el Belén y que tienen que subir las cosas que ella cuidadosamente, y con la ayuda de los mayores del año anterior, guardo celosamente. 



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