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Hna. Rosario Arrizabalaga Amoroto

“Yo soy la resurrección y la vida”.

 

 

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Tenemos una nueva intercesora en la casa del Padre. En la mañana del 12 de julio de 2016 el Señor llamó a nuestra Hna. MARIA ROSARIO ARRIZABALAGA AMOROTO a participar en el Banquete de las Bodas eternas, al encuentro definitivo con el Resucitado, por quién “vivía y moría” en una entrega generosa y serena. Con frecuencia repetía “cuánto tarda en venir”. Y ya llegó la hora del encuentro. Se ha presentado ante “su Señor” con la lámpara encendida alimentada con el aceite de la fe y el testimonio gozoso de sus 68 años de Carmelita Misionera.

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Camino recorrido

María Rosario nació el 4 de octubre de 1926, en Marquina (Vizcaya) y profesó como Carmelita Misionera el 30 de agosto de 1947 en el noviciado de Pamplona. La hermana es muy conocida en el Carmelo Misionero y ha dejado una hermosa huella en los servicios y en las actividades que ha realizado en la Congregación, como Coordinadora de Educación, Secretaria General, Consejera y Secretaria en la Viceprovincia de Italia, en la pastoral y en la colaboración comunitaria. En su trayectoria vocacional destacamos los lugares más significativos donde ha vivido y trabajado por el Reino. Del 1947 al 1957, excepto un año que estuvo en Madrid, formó parte de las comunidades de Barcelona: Casa Madre “San José” y La Alianza, Boltaña y Tárrega “El Carmelo”. A partir del 1957 comienza una larga etapa de su vida en Italia; estuvo en las siguientes comunidades de Roma: “Mater Inmaculata”, “Padre Palau”, “Mater Carmeli”, “Nuestra Señora de las Virtudes” y Villa “San Giuseppe”, en algunas de ellas en dos ocasiones. Del 2000 al 2010 vivió en la comunidad de Paderno/Dugnano (Italia), donde realizó una bonita misión de acogida y escucha en la pastoral parroquial. Delicada de salud, regresó a Barcelona y durante los últimos años ha formado parte de la comunidad de la enfermería “Santa Teresa”, Casa Madre, Barcelona, donde ha ido viviendo el misterio de la muerte y la resurrección desde una vida teologal profunda, una actitud orante y una colaboración de apoyo a las hermanas, dentro de sus posibilidades.

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Huella que ha dejado:

Recordar a Rosario es reconocer su profunda huella vocacional, su amor y entrega a la Congregación, su sentido de Familia, su interés por las hermanas, las comunidades y los proyectos del Carmelo Misionero. Su apertura y docilidad para dejarse “modelar” por el Señor. Su interés por la liturgia, le gustaba preparar y motivar muy bien las celebraciones. Su actitud orante y su vivencia teologal que le ayudaba a confiar plenamente en el Buen Pastor y apoyarse en “su vara y su cayado”. La responsabilidad y la creatividad en los servicios y actividades confiadas. Su alegría y buen humor, su capacidad de empatía y las buenas relaciones. Su deseo y capacidad de autoformación, le encantaba leer y alimentar su vivencia espiritual, también estar al día en las situaciones eclesiales y sociales, siempre que podía leía revistas y periódicos, aun estando en la enfermería. 

 

Nos unimos como Familia para dar gracias al Señor por el testimonio de su vida y servicio, por las hermosas páginas de la historia que ha escrito y que hoy son luz y estímulo para las que seguimos a Jesús como Carmelitas Misioneras. Le pedimos que siga intercediendo por la Congregación y que nos ayude a caminar en la luz, siendo testigos del Dios de la misericordia.  

Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 13 de Julio de 2016



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