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Hna. Teresa Arteaga Martínez

“Yo soy la resurrección y la vida”.

 

 

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El Señor sigue llamando a nuestras hermanas a la Casa del Padre y en la Provincia celebramos, con frecuencia, el don de la Resurrección. La última llamada a la Vida fue el día 7 de septiembre de 2016 a nuestra querida Hermana María Teresa Arteaga Martínez. Falleció a los 89 años de edad y 69 de Vida Consagrada en la comunidad “San Juan de la Cruz”, Zizur Mayor (Navarra). Después de un largo caminar, ya está viendo “cara a cara” el rostro misericordioso de nuestro Padre Dios.

 

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Camino recorrido

Hna. María Teresa nació el 3 de septiembre de 1927 en Estella (Navarra). Ingresó en la Congregación en agosto del 1945 y profesó como Carmelita Misionera el día 4 de marzo de 1947 en el noviciado de Pamplona. Su primer sí al Señor marcó su trayectoria humana, vocacional, comunitaria y apostólica. Después de una breve estancia formativa en la casa Madre-Barcelona fue destinada a las comunidades y colegios de la antigua Provincia “San José”, entre ellas: Villafranca de Oria, San Sebastián “Mater Carmeli” y “San José”, Santa Lucía de Cordón, Beasaín, Lesaca y Zaragoza; en algunas de las citadas comunidades estuvo en dos etapas diferentes. También formó parte de la comunidad de Pamplona “El Carmelo”. Su principal misión la realizó en los Colegios, en la catequesis, en servicios de gobierno local y en otras actividades comunitarias. En el año 2005 fue destinada a la comunidad “San Juan de la Cruz”-ZIZUR, lugar propicio para seguir creciendo en interioridad y continuar ayudando, dentro de sus posibilidades, a la comunidad. Sus alumnos la recordaban con gratitud y cariño y ella, aún con su limitación de memoria, mantenía una buena relación con todos ellos. Aquí, en Zizur, fue manteniendo su lámpara encendida, asumiendo su limitación física, acogiendo la ayuda y atenciones de las hermanas, hasta que el Señor la llamó y la invitó definitivamente a participar en el Banquete en Reino.

 

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Huella que ha dejado:

Su fidelidad vocacional y su dimensión orante. Su sencillez, disponibilidad y el servicio desinteresado. Su responsabilidad y entrega a la misión educativa, su  atención a niños, profesores y padres de familia. La sencillez y la actitud positiva ante en la vida y los acontecimientos; la buena relación con las personas. Su sentido congregacional y el amor al Carmelo Misionero. La capacidad para ir asumiendo sus limitaciones como algo inherente en la vida de todo ser humano. La paz y la serenidad, a pesar del deterioro cognitivo y del atardecer de la vida.

 

Hoy nuestra oración es un canto de gratitud por la vida y la vocación de nuestra Hermana. Su huella nos indica el camino del amor y del servicio, de la comunión y la fraternidad. Juntas oramos por ella y esperamos su intercesión ante el Padre.

Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 10 de septiembre de 2016



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