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Hna. Juana María Bátiz

“Yo soy la resurrección y la vida”.

 

 

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La palabra del Señor “estoy a la puerta y llamo” golpea frecuentemente nuestro corazón y reaviva nuestra esperanza. El día 20 de octubre de 2016 el Señor invitó a nuestra querida Hermana JUANA MARÍA BÁTIZ MINTEGUÍA a participar en el Banquete del Reino y a ocupar “su lugar” en la casa del Padre. Silenciosamente, el Señor “la tomó consigo” y ya está celebrando la Pascua eterna. Ha fallecido a los 91 años de edad y 67 de Vida Consagrada, en la comunidad “Santa Teresa” enfermería, Torremolinos, Málaga (España).

 

 

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Camino recorrido

Juana María nació el 26 de febrero de 1925 en Rigoitia (Vizcaya) y el 30 de agosto de 1949 profesó como Carmelita Misionera en el noviciado de Pamplona. En su trayectoria vocacional se percibe disponibilidad y grandeza de corazón. De Pamplona a Barcelona, lugares significativos para todas nosotras. Seguidamente comienza la etapa comprendida entre los años 1950 al 1977 en la que forma parte de la vida y misión de varias comunidades: Oropesa, Sevilla, Madrid, Agüimes (Canarias), Getafe y Ávila. De España al Salvador y más tarde a Caguas (Puerto Rico), un período misionero  muy significativo no sólo para ella, sino para muchas hermanas en   formación que la recuerdo con cariño y gratitud;  etapa del 1997 al 1999,  interrumpida  para participar en el curso de  renovación en Roma y una breve estancia en la casa provincial de Madrid. Al regresar definitivamente a España, se incardina, primero en Parla y en el 2000 en la comunidad El Vedrá de Segovia, donde estuvo 13 años. Finalmente, dada su condición física, fue destinada a la enfermería “Santa Teresa”, Torremolinos; allí ha vivido con paz, esperando al Señor que sin duda ha bendecido su entrega al servicio de la Iglesia y del Carmelo Misionero en diferentes comunidades, países y actividades apostólicas.

 

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Huella que ha dejado:

Muchas de nosotras recordamos a Juana María. Sabemos que con su  huella se han abierto senderos de vida, de seguimiento a Jesús, de servicio a los hermanos. El gozo vocacional se percibía en sus gestos y palabras.  Su bondad de corazón, era una persona buena, acogedora, servicial y agradecida. Mujer de paz y serenidad. Disponible y hacendosa. Muy buena costurera, en varias comunidades ha dejado la impronta de su habilidad.  

Huella que, también, ha marcado el camino vocacional de hermanas en las comunidades de Centro América y el Caribe. Transcribimos alguno de los testimonios recibidos: “Nos ha quedado el testimonio de Hna. Juani, como cariñosamente la llamábamos, siempre disponible, entregada, cercana, amable, mujer de fe y oración… Dichosa que ya llegó a la meta; nosotras que vamos de camino…nos encomendamos a su intercesión”.

 

Las hermanas, en comunión fraterna, nos unimos para dar gracias por los gestos sencillos de vivencia evangélica y carismática con lo que Juana María ha ido escribiendo su historia y la historia de las Carmelitas Misioneras. Le deseamos el gozo eterno y la plenitud de la Vida.

 

 Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 24 de Octubre de 2016



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