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Hna. Trinidad Toledo Basurko

“Yo soy la resurrección y la vida”.

 

 

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Los primeros días de noviembre nos hablan de resurrección, de eternidad. En este ambiente litúrgico hemos acogido, con dolor y esperanza, el paso a la Vida de nuestra  querida Hermana TRINIDAD TOLEDO BASURKO. El Señor la ha llamado a participar en el gozo eterno el día 2 de noviembre de 2016, conmemoración de quienes nos han precedido en la casa del Padre. Tenía 87 años de edad y 62 de Vida Consagrada; ha fallecido en la comunidad “Santa Teresa”, Oviedo.

 

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Camino recorrido

 

Trinidad nació el día 10 de agosto de 1929 en Zarauz (Guipúzcoa), en una familia de raíces cristianas y carmelitanas, que entregó al Carmelo Misionero dos de sus hijas, María Pilar y Trinidad. Las dos participan ya de la  Pascua eterna.

La hermana profesó, como Carmelita Misionera, el día 2 de marzo de 1954, en el noviciado de Pamplona.

Con gratitud y reconocimiento descubrimos su trayectoria vocacional al rastrear las páginas de nuestras Historia.

La encontramos en Francia: Epinal, Clínica “Notre Dame” (del 1969 al 1972) y en Caylus “Notre Dame de Livron” (del 1987 al 1995). Lugares franceses donde realizó diferentes actividades en enfermería y en el lugar palautiano.

En Roma (Clínica “Villa Linda” y Padre Palau).

En África: Mukabe-Kasari (del 1972 al 1977) y Sakassou (del 1980 a 1985).

En España la recordamos en las comunidades de Ávila, “Nuestra Señora de Sonsoles”, San Sebastián “San José” y “Mater Carmeli”, Ciñera (León), Vitoria “Mater Carmeli” y Oviedo.

La misión realizada en estas comunidades ha sido plural: atención a enfermos, pastoral parroquial y social, colaboración en las necesidades comunitarias.

En el año 2007 fue destinada a la comunidad de Oviedo, donde, como ella decía, se sentía muy acogida y, donde fue asumiendo, lentamente, las limitaciones del último tramo de su existencia; aquí recibió la llamada a vivir la plenitud del Amor.

 

 

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Huella que ha dejado:

El gozo de ser Carmelitas Misionera y el sentido de pertenencia a la Congregación; se interesaba por la vida, los proyectos de la Familia, todo era importante para ella. Su dimensión orante y fraterna.

Su espíritu de apertura y disponibilidad, España, Francia, Italia y África son testigos de su corazón misionero, universal.

Persona acogedora, entregada y servicial. Alegre y de buenas relaciones.

Su jovialidad; aunque tenía edad avanzada, trataba de estar y presentarse bien, incluso sabía disimular los pequeños despistes, propios de la etapa del atardecer.

 

 

Agradecemos su vida y su vocación, la huella del amor y la entrega al servicio de la comunidad y de la Iglesia. Nos unimos, como hermanas, pidiendo al Señor que la acoja en su Reino de paz y  misericordia.

 

 Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 11 de Noviembre de 2016



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