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Hna. Mª Isabel López Sánchez

“Yo soy la resurrección y la vida”.

 

 

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Con la esperanza en Cristo Resucitado, comunicamos que nuestra HNA. MARIA ISABEL LOPEZ SÁNCHEZ ya está celebrando la Pascua eterna. El Señor sigue llamando a nuestras hermanas, “estoy a la puerta y llamo”. Enero llega con frio invernal, a la vez, con el calor de familia que acompaña y da gracias al Dios de la Vida por las hermanas que nos van precediendo en la casa del Padre. Nuestra Hermana ha fallecido el día 13 de enero de 2017, a los 93 años de edad y 68 de Vida Consagrada, en la comunidad “Santa Teresa” enfermería, Torremolinos (Málaga).

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Camino recorrido

 

Hna. María Isabel nació en Rañeces (Asturias) el día 18 de agosto de 1923 y profesó como Carmelita Misionera el 5 de diciembre de 1948 en el noviciado de Pamplona. Con gratitud recordamos su vida y los lugares de misión donde trabajó por el Reino. Los primeros años estuvo en la zona de Cataluña: comunidades-Colegios de Navás y Barcelona “Santa Teresa de Jesús”. En 1954 fue destinada al Colegio “Nuestra Señora de Rosario” de Agüimes (Las Palmas). Y como buena misionera, acogió la invitación de “ir donde la gloria de Dios me llame” y fue  destinada a Winters (California). Al finalizar su misión regresa a España y ha estado destinada en las comunidades de: Granada “El Carmelo” y “Virgen del Carmen”, Ávila “Santa Teresita”, Parla (Madrid), Talavera de la Reina (Toledo), Trigueros (Huelva), Torremolinos “San Carlos” y “Santa Teresa”, enfermería. Un largo recorrido, una gran entrega en diferentes actividades apostólicas y en servicios comunitarios, vividos con entrega y entusiasmo incasable. En los últimos meses le ha costado no “hacer lo que antes hacía”, sin embargo se fue dejando purificar por el Señor y haciendo realidad las palabras bíblicas “Aquí estoy para hacer tu voluntad”. Y así, con el deseo de servir, fue acogida en la casa del Padre donde ya goza de su paz y presencia.

 

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Huella que ha dejado:

El gozo vocacional que vivía y contagiaba. Su entrega generosa y el entusiasmo en las actividades y servicios que se le confiaban. Su creatividad en la preparación de las clases (era una gran educadora), en la catequesis y la pastoral y, en los últimos años, en las actividades recreativas y terapéuticas con hermanas mayores. Su colaboración y disponibilidad le llevaba a  estar en todo y en todas partes. Su gran amor a la Congregación y el sentido de pertenencia a la Familia del Carmelo Misionero. Su sentido humano y solidario, tenía muy presente las situaciones de los más desfavorecidos; oraba especialmente por la Congregación y nuestras misioneras.

 

Al recordar su trayectoria humana y vocacional damos gracias  por su testimonio y el carisma vivido y compartido. Pedimos para que el Señor la acoja eternamente en su compañía; contamos con su intercesión ante el Padre. 

Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 18 de Enero de 2017



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