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Hna. Mª Carmen Grau Farrán

“Estoy a la puerta y llamo”.

 

 

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El último día de mayo, fiesta de la Visitación de María, el Señor llamó a nuestra querida HERMANA MARÍA CARMEN GRAU FARRÁN a participar de la Pascua eterna, donde el gozo y la paz no tienen limite. Ha fallecido a los 86 años de edad y 61 de Vida Consagrada, en la comunidad “Santa Teresa”, enfermería de la Casa Madre, Barcelona.

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Camino recorrido 

Nació en Tárrega (Lérida) el 23 de febrero de 1931. Profesó en Pamplona el 12 de mayo de 1956. Recordamos su recorrido vocacional, su paso por las comunidades y la misión que realizó con espíritu eclesial. Su primer destino fue Barcelona, estuvo en la casa de formación hasta el año 1963 y de allí fue trasladada a la casa noviciado de Pamplona para estudiar Magisterio y acompañar a las postulantes en su proceso vocacional y formativo. Un curso estuvo en Roma, colaborando en la casa general. En el año 1969 comienza su trayectoria apostólica en las comunidades de la zona de Cataluña: “Virgen del Carmen”, El Prat de Llobregat; Seminario, Casa Provincial y Amparo de Santa Lucía en Barcelona; “Santa Teresita”, Lérida; en todas ellas se la recuerda con gratitud. En el año 1995 regresa a la comunidad del Seminario, donde estuvo 12 años, hasta que las Carmelitas Misioneras tuvimos que dejar esta misión después de 80 años de presencia eclesial, que proporcionó a la hermana una gran riqueza en su relación con los seminaristas y sacerdotes diocesanos. Su última etapa la ha vivido en la comunidad “Virgen del Carmen”, Calle Inmaculada y a partir del 2013 en la enfermería de la Casa Madre, Barcelona. Allí, con su lámpara encendida y el aceite en la alcuza, esperó a que el Señor llamara a su puerta y entrar con Él al Banquete del Reino.

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Huella que ha dejado:

Hna. María Carmen nos ha dejado la huella de la acogida, la sencillez y la bondad de corazón; del espíritu orante y teologal; de su fidelidad y entrega incondicional a “Dios y a los prójimos”; de su disponibilidad y sentido de pertenencia a la Congregación; de su amor a la Iglesia, de su interés por las hermanas; con sus detalles hacia la vida agradable a las comunidades. Carmen era una persona de paz y la transmitía. El testimonio gozoso de su existencia contagió vida, vocación y entrega a los seminaristas.

Nos unimos en oración dando gracias por su vida y su servicio a las comunidades y al Reino. Confiamos en que seguirá intercediendo por la vivencia carismática en la Congregación y por las nuevas vocaciones al Carmelo Misionero y al Ministerio sacerdotal. 

 

 Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 14 de junio 2017

 



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