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Hna. Mª Teresa Bedia Trueba

“Estoy a la puerta y llamo”.

 

 

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Con la esperanza en la Resurrección celebramos el paso a la Vida de otra de nuestras hermanas, HNA. MARIA TERESA BEDIA TRUEBA. Al final de la tarde, del día 13 de agosto de 2017, fue llamada por el Señor a vivir la plenitud del amor y la paz de los justos que “mueren en el Señor”. Ha fallecido a los 89 años de edad y 63 de Vida Consagrada, en la comunidad “San Juan de la Cruz”, Zizur (Navarra). Sin duda, habrá comenzado a celebrar, con todos los elegidos, la gran fiesta de la Asunción de la Virgen.

 

 

 

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Camino recorrido 

María Teresa nació el 25 de octubre de 1927, en Pedreña (Cantabria). Profesó como Carmelita Misionera el 2 de marzo de 1954 en el noviciado de Pamplona. Su principal misión apostólica ha sido la educación, el trabajo en nuestros Colegios. El primer destino fue la comunidad del Padul (Granada), Colegio “Dulce Nombre de Jesús” (antigua fundación de la “agregación” del Beaterio de Santa María Egipciaca). Del Sur fue a Cataluña, a la comunidad y Colegio “Santa María del Mar”, Barcelona. A partir del 1969 se incardinó en la zona de la antigua Provincia “San José”, primero en el Colegio de Lesaca, donde estuvo diecisiete años, dedicada a la formación de niños y jóvenes en el Colegio “Santa Teresita” y posteriormente en la comunidad y el Colegio de San Sebastián. A la comunidad de Villava (Navarra) fue destinada en el año 2001 y en el año 2011 se incardinó en la comunidad “San Juan de la Cruz” de Zizur (Navarra); en esta comunidad de hermanas mayores ha terminado la carrera de su vida, “ha llegado a la meta, ha mantenido la fe” en el Señor Jesús, su compañero de camino, su Salvador.

 

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Huella que ha dejado:

 

La huella que nos ha dejado Hna. María Teresa es: la fidelidad vocacional, la vivencia teologal y la actitud orante; su espíritu acogedor y disponible en el servicio; su entrega generosa a la misión educativa. Nos ha dejado, también, su actitud positiva ante los acontecimientos y la acogida de los planes del Señor en su vida. Le gustaba mucho leer, estar al día de los acontecimientos eclesiales, culturales y sociales. Se interesaba y oraba por la vida y los proyectos del Carmelo Misionero, se sentía Familia. A María “fiaba todas sus cosas”, la amaba entrañablemente, también a los Santos del Carmelo; el mensaje carmelitano y palautiano era su alimento cotidiano, luz y fortaleza en su camino. 

 

 

En esta fiesta de la Asunción de María, nos unimos para dar gracias al Señor por sus gestos sencillos de evangelio y de carisma con los que ha ido tejiendo su historia de Salvación y nuestra Historia. Ella, que ya está celebrando la Pascua eterna, interceda por nosotras y nos ayude a ser testigos de esperanza y resurrección.   

 

 

 Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 15 de agosto de 2017

 



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