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Hna. Aurelia Arizcuren Ainzúa

“Estoy a la puerta y llamo”.

 

 

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En este ambiente litúrgico mariano, ayer la Natividad de la Virgen y hoy sábado, celebramos el “paso a la Vida” de nuestra HNA. AURELIA ARIZCUREN AINZÚA. Nuestra hermana ha “llegado a la meta” y está participando en el banquete del Reino con el vestido de fiesta, el vestido del Amor. Por la fe creemos que ya se ha encontrado con sus seres queridos, entre ellos con su hermana Mercedes, Carmelita Misionera, que la ha precedido en la casa del Padre. Hna. Aurelia fallecido el 8 de septiembre de 2017, a los 88 años de edad y 57 años de Vida Consagrada, en la comunidad “Santa Teresa”, Torremolinos (Málaga).

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Camino recorrido 

Hoy, como gesto de gratitud fraterna, recordamos a Hna. Aurelia. Nació en Amunarrizqueta (Navarra) el 8 de marzo de 1929 y profesó como Carmelita Misionera en Pamplona el 14 de noviembre de 1959. Su trayectoria vocacional y apostólica está escrita con gestos de evangelio y carisma, que han ido enriqueciendo la historia de su vida y de la Congregación. Después de profesar estuvo unos meses en Barcelona; en el año 1960 fue destinada a Oropesa (Toledo); también vivó y trabajó en otras comunidades: Sevilla-San Juan de Dios, Trigueros, Getafe y Madrid-casa provincial. El lugar más significativo fue Oropesa (Hospital, Colegio y La Corchuela), donde estuvo, en diferentes etapas, 29 años; allí, niños y mayores, la recuerdan y valoran. A La Corchuela se trasladaba, cada mañana, para enseñar y educar a los niños de las fincas cercanas y prepararles el alimento diario, ya que pasaban toda la jornada en la Escuela “San Jorge”, perteneciente a la Fundación ARNUS. En el año 2007 fue destinada a Torremolinos, comunidad “Santa Teresa”, donde ha trabajado responsablemente en la atención a las hermanas mayores y en los servicios de lavadero y ropería. Después de un breve tiempo “de cuidarse”, pues cuando se “quejó” ya no había remedio, nos ha dejado para ir a las “moradas eternas” y disfrutar de la presencia del Señor y de María, la Madre del Carmelo, en quien confiaba plenamente.

 

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Huella que ha dejado:

Su fidelidad vocacional, su actitud orante y contemplativa; su vivencia teologal durante los 57 de Carmelita Misionera; su servicio, disponibilidad  y trabajo desinteresado; su capacidad de sufrimiento y de entregada vivida en silencio; su responsabilidad y aportación comunitaria; su amor a la Congregación y su sentido de Familia. Toda su existencia ha sido una huella, marcada por la humildad y el silencio, la sencillez y la interioridad.

 

Con sentimiento de fraternidad, hacemos memoria de nuestra hermana Aurelia, de su entrega y peregrinación hacia la casa del Padre; reconocemos las maravillas que el Señor ha hecho en su vida y acogemos con gratitud su huella testimonial. Confiamos en su intercesión ante Dios, nuestro Padre.

Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 9 de septiembre de 2017



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