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Hna. Rosa Puig Suana

“Voy a prepararos un lugar...”

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Con estas palabras evangélicas os comunico que el Señor ha “tomado consigo” a nuestra querida HNA ROSA PUIG SUANA para que celebre el gozo de la Resurrección y de la Pascua eterna. Ha fallecido el día 21 de marzo de 2020 a los 88 años de edad y 64 de Vida Consagrada, en la comunidad “Santa Teresa,” Enfermería Casa Madre de Barcelona (España). Allí la encontró el Señor, en vigilante espera para ir al encuentro de Aquel a quien se había entregado de por vida.

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Hna. Rosa nació en Terrassa (Barcelona) el día 10 de diciembre de 1931. En el año 1954 ingresó en el postulantado y profesó como Carmelita Misionera el 3 de marzo de 1955 en Pamplona.

Recordar a Hermana Rosa es recordar su trayectoria vocacional y apostólica a lo largo de sus 64 años en el Carmelo Misionero. Compartió vida y misión en las comunidades de: Pamplona: “San Francisco Javier”; Lérida: “Padre Palau”; Benidorm: “Virgen de Fátima”; Barcelona: en las comunidades “Virgen del Carmen”; “Santa Cruz de Vallcarca”; “Casa Madre San José”; Navas: “San José”; Roma; “Padre Palau”; Tárrega: “Nuestra Señora de las Virtudes”; También estuvo en el Hospital de Ciudadela. Esta trayectoria vocacional y apostólica, ha estado marcada por algunos años de permiso de ausencia atendiendo a su madre, anciana y enferma. Al fallecer su madre se reincorpora a la comunidad, muy feliz de retomar su vida comunitaria, que tanto había echado en falta durante años. Desde el año 2017 se encontraba en Barcelona, en la comunidad “Santa Teresa, Enfermería”, de la Casa Madre.

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Nuestra Hermana realizó responsablemente diferentes actividades, la principal fue la sanidad, tanto en el cuidado de enfermos, en el Hospital de Ciudadela, como atendiendo a nuestras hermanas mayores. Colaboró también en la promoción social de la mujer y en la Catequesis. Debido a lo avanzado de su edad y a no encontrarse bien de salud, la hermana fue destinada a la enfermería de la Casa Madre de Barcelona. Allí falleció repentinamente el día 21 de marzo. Ha partido a la Casa del Padre sin hacer mucho ruido, sostenida por la fe y la confianza en el Señor. Hermana Rosa era disponible, servicial en la comunidad; de espíritu mariano y misionero; sencilla y acogedora; trabajadora y responsable, amable y generosa en el trato con los enfermos.

En comunión de hermanas, damos gracias al Señor por la vida y el testimonio de nuestra hermana Rosa. Ahora ya descansa y goza de la presencia del Señor. Oramos por ella y le deseamos la plenitud de la VIDA. Contamos también por su intercesión para que nos ayude a crecer en el Amor a Cristo y a los hermanos.        

Madrid, 23 de marzo, 2020

Hna. Carmen Ibáñez Porcel

 

 



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