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Hna. M Teresa Cavia Delgado

“…Aquí estoy, ¡oh Dios! para hacer tu voluntad”. (Hb, 10,7)

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El Señor sigue llamando a nuestras hermanas a la Casa del Padre. El las acoge con gozo y les hace participar en el Banquete eterno para disfrutar de su presencia y celebrar junto con Cristo, su Pascua Eterna. En este 7 de abril, Martes Santo, ha llamado a nuestra Hermana MARÍA TERESA CAVIA DELGADO.  Ha fallecido a los 79 años de edad y 59 de Vida Consagrada, en la comunidad de la Casa Madre, Santa Teresa, Barcelona.

 

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Hna. María Teresa nació el día 28 de junio de 1940, en Mazuelo de Muño (Burgos). Inicia su formación en el Noviciado de Pamplona y profesa como Carmelita Misionera en Pamplona el día 12 de noviembre de 1960. Su hermana, carmelita misionera también, forma parte de la cdad. “Mater Carmeli” de Vitoria.

 

Realizó diferentes actividades en varios lugares de la Congregación; España, Canadá, Londres. A los pocos meses de profesar, la hermana cruza el Atlántico y la encontramos en Joliette, (Canadá). Allí se entregó con mucha generosidad al cuidado y atención de los enfermos. Después de 10 años vuelve de nuevo a Europa; Barcelona, en varias comunidades; Londres; Parla; Es Cubells; Tárrega; Gironella; Santa Coloma de Queralt y de nuevo a Barcelona.

 

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Recordar a Hermana María Teresa, es reconocer su caminar en fidelidad a la llamada del Señor, su entrega generosa, su bondad y disponibilidad para “amar y servir” con actitudes evangélicas sobre todo a los enfermos, tanto en Centros Sanitarios, Voluntariado, Hospitales como con nuestras hermanas. Los últimos años de su misión, Hna. María Teresa los pasó en la Casa Madre “Santa Teresa” de Barcelona, al cuidado y atención de nuestras Hermanas Mayores a las que supo motivar, acompañar y servir con alegría, delicadeza y responsabilidad.

 

 

 

María Teresa era una mujer de fe, sencilla, con un corazón bueno, generosa y alegre. Entregada a su misión, siempre dispuesta a responder a las necesidades de  los enfermos, de las hermanas que lo necesitaban. Sentía un gran amor a la Virgen del Carmen, a la Congregación y a la Iglesia. Hoy es un momento oportuno para reconocer y bendecir al Señor por la misión realizada por nuestra Hermana a lo largo de toda su vida, en el servicio a Dios y a los hermanos.

 

 

 

Como familia, damos gracias al Señor por el testimonio de vida de nuestra hermana. Oramos para que goce ya de la Pascua eterna. Contamos también con su intercesión ante el Padre por todo el Carmelo Misionero para que permanezcamos fieles a la misión que nos ha sido confiada

 

           

 

                                         

 

                                                                        Madrid, 8 de abril de 2020    

Hna. Carmen Ibáñez Porcel

 



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