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El momento

EL MOMENTO

Para la tradición cristiana, Navidad es “el momento” central que divide la historia humana en dos: el momento en que se encuentran Dios y la humanidad.

Pero si sabemos leer más en profundidad, descubriremos que lo que ahí ocurre es que se nos desvela que todo momento, sin excepción, es el momento. Que siempre es Ahora, el único momento que existe. Por eso, no hay sabiduría que no pase por reconocer el “eterno presente” de cada momento, por insignificante que nos parezca.

Todo es Ahora, y el Ahora –la Presencia, otro nombre de la divinidad- es Plenitud. ¡MUY FELIZ NAVIDAD!)

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Precioso momento,

querido,

temido momento.

Eres mi vida.

Eres la vida.

Eres el universo entero,

refugiado en la palma de mi mano caduca.

Eres el árbol de Bodhi

que presenció la iluminación del Buddha,

y el doloroso madero de Jesucristo

muriendo en la cruz.

Eres un verso de Virgilio, o de Shakespeare, o de Borges.

Eres la gloria de los faraones,

el ingenio de Miguel Ángel

y la belleza de Venus.

Eres la desesperación de Kafka o de Pessoa,

o la de cualquiera de nosotros.

Eres la nube que fatiga el ciego

al hacerse y al deshacerse.

Eres el sol que engendra a la rosácea aurora

y el que se esconde por el cansado poniente.

Eres la incontable arena del desierto

y el agua sin medida que conformará

ese caudal que llamamos Nilo.

Eres la estrella que nace

en la inasequible galaxia,

y el pétalo caído

de la flor que se marchita.

Eres el cuchillo inmisericorde

clavándose en la carne del enemigo.

Y el latido amantísimo

del corazón compasivo.

Eres un acorde de Bach,

el silbido del huracán

y el estruendo del trueno.

Eres el destello fugaz

de la fama (in)merecida.

Y el hondo abismo

de la vergüenza humillante.

Eres la cumbre del placer

y la sima del dolor.

Eres el vacío originario de todo lo que existe

y las innumerables formas

que nos permiten contemplar ese vacío.

Eres mi nacimiento y mi muerte.

Eres cada instante que he vivido

y cada instante que me queda por vivir.

Eres todo lo que hay.

Eres todo lo que tengo.

Eres la vida que soy y que jamás dejará de ser.

Por eso te aprecio tanto,

precioso,

querido,

temido momento.

Vicente Simón



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