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Tiempo de verano

Publicado en la Revista Lubarri (Junio 2013). APA Karmelo Ikastetxea (Donostia)

¿Se puede volver al tiempo ordinario cuando se ha vivido la Pascua, el paso del Señor en mi vida? Estrena la vida

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Después de vivir los días de Pasión y Gloria de Jesús hemos caminado los cincuenta días de la PASCUA y, mientras nos acercamos al final de curso y las vacaciones de verano, vamos entrando en el “Tiempo Ordinario”.

Nos debe costar entrar en este tiempo, porque se multiplican  las fiestas: La Ascensión, La Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón de Jesús y de María, Jesucristo Sumo y eterno sacerdote… y vamos llegando al verano, despacito, con exámenes y despedidas, con ganas de playa, de montaña, ¿de crucero?, y con la sombra de la crisis que posiblemente nos haga reestructurar nuestras vacaciones y encauzar nuestros sueños por otros derroteros...

Hace tiempo había quedado un día del mes de julio con un párroco buen amigo mío en su parroquia. Era por la tarde y cuando llegué lo encontré con una señora, agente de pastoral de la parroquia.

-  Pasa estamos terminando de preparar la Eucaristía de las familias del domingo.

-  ¿En julio también? Yo creía que teníais vacaciones.

-  Dios no tiene vacaciones, me contestó ella con una sonrisa.

Me quedé pensando y viene a mi memoria en más de una ocasión. Dios no tiene vacaciones, y el tiempo no puede volver a ser “ordinario” cuando se ha tenido la experiencia de la PASCUA, la experiencia de la RESURRECCIÓN, la experiencia y la fuerza del ESPÍRITU. Cuando se tiene, la EXPERIENCIA, que es algo más que pasar la hoja del calendario o vestirnos de fiesta o de sport, como más nos guste.

Encuentro en Wikipedia (hace unos años hubiera ido a la “Espasa”, pero el tiempo, también el “ordinario”, cambia algunas costumbres) que el “Tiempo ordinario” suele ser definido como "el tiempo en que Cristo se hace presente y guía a su Iglesia por los caminos del mundo". Es un tiempo salpicado por los que denominamos “Tiempos fuertes”: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua. Es el tiempo más largo del año litúrgico y donde Dios se hace presente en lo cotidiano, aunque a veces lo cotidiano sea reiterativo y hasta aburrido. Pero también en este “cotidiano” llega el verano y hay que encajar algunas circunstancias que no se dan en ese otro “cotidiano” de trabajo y estudio, exámenes y entrevistas, sonrisas detrás de un mostrador y quemaduras al salpicar el aceite o arrimarnos demasiado a la plancha.

Dios no hace vacaciones, aunque las parroquias se suelen ver más vacías, la catequesis y los grupos se suspenden y si nos acercamos a celebrar la Eucaristía dominical vemos caras desconocidas u otras que hacía muchos años que no veíamos.

No puedo dejar de insistir en que este tiempo de descanso es un tiempo propicio para experiencias personales y familiares, un tiempo para entrar dentro de nosotros mismos… sin prisas. Dejar crecer y acoger el deseo de estar a solas “con quien sabemos nos ama”, el Espíritu nos dota cada PENTECOSTÉS de sus dones, y ahora es tiempo de...

-     detener mis pasos, serenar el ritmo acelerado de mi vida, y contemplar todo lo que Dios me ha dado, SERENAMENTE

-     callar un momento, silenciar el torbellino de ideas y sentimientos para estar ante Él con todos mis sentidos, ATENTAMENTE

-     romper todas las murallas que se alzan en torno a mí, y dejarle entrar a cualquier hora, TRANQUILAMENTE.

-     vaciar mi casa y despojarme de todo lo que se me ha apegado para ofrecerle alojamiento DIGNAMEMTE 

-     estar sólo con Él, llenarme de su Espíritu y querer, para marchar luego al encuentro de todo ALEGREMENTE

-     sentir su aliento dándome paz, vida y sentido, para vivir este momento con Él, POSITIVAMENTE.

 Sí, es tiempo de entrar en nosotros mismos para conocernos, recrearnos en lo que el Señor nos ha regalado y nos regala, y dar un paso más, y otro, y otro más; porque no se trata de quedarnos ahí, “embobados”, sino de salir de nosotros mismos, (como personas, como familias, como comunidades cristianas) hacia todas las periferias existenciales y crecer en parresia, es decir en hablar y vivir de verdad, desde la verdad. Es el consejo que el papa Francisco dio a los obispos de la Conferencia episcopal Argentina y que nos da a cada uno de nosotros.

El papa Francisco, también dijo en esta ocasión que “una Iglesia que no sale, a la corta o a la larga se enferma en la atmósfera viciada de su encierro. Es verdad también que a una Iglesia que sale le puede pasar lo que a cualquier persona que sale a la calle: tener un accidente. Ante esta alternativa, les quiero decir francamente que prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma”. Lo mismo se puede aplicar a la comunidad parroquial, a la familia, a cada cristiano.

Os deo un par de ejercicios para este verano

 

 Mª Victoria Alonso Domínguez , CM

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Dices que soy manantial y no vienes a beber.

Dices que soy vino gran reserva y no te embriagas.

Dices que soy suave brisa y no abres tus ventanas.

Dices que soy luz y sigues entre tinieblas.

Dices que soy aceite perfumado y no te unges.

Dices que soy música y no te oigo cantar.

Dices que soy fuego y sigues con frío.

Dices que soy fuerza divina y estás muy débil.

Dices que soy abogado y no me dejas defenderte.

Dices que soy consolador y no me cuentas tus penas.

Dices que soy don y no me abres tus manos.

Dices que soy paz y no escuchas el son de mi flauta.

Dices que soy viento recio y sigues sin moverte.

Dices que soy defensor de los pobres y tú te apartas de ellos.

Dices que soy libertad y no me dejas que te empuje.

Dices que soy océano y no quieres sumergirte.

Dices que soy amor y no me dejar amarte.

Dices que soy testigo y no me preguntas.

Dices que soy sabiduría y no quieres aprender.

Dices que soy seductor y no te dejas seducir.

Dices que soy médico y no me llamas para curarte.

Dices que soy huésped y no quieres que entre.

Dices que soy fresca sombra y no te cobijas bajo mis alas.

Dices que soy fruto y no me pruebas.

Florentino Ulibarri

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1.- Cuando te despiertes por la mañana respira hondo, sonríe, y da un aplauso a Dios. Se lo merece.

2.- Ríete un poco de todo lo que no funciona a tu alrededor. No merece la pena que te enfades, y además con los enfados no se arregla nada. Cambia el entrecejo por la sonrisa.

3.- Conecta con Dios cuando estés en contacto con la naturaleza, cuando estés con los amigos o en familia, cuando estés a solas. Él siempre está a la escucha.  No trabajes sólo por Él, aprende a gozar estando con Él.

4.- Cuando te encuentres con alguien, ten siempre en la mochila una historia de salvación y de bienaventuranza para contar. Como María, ¿recuerdas?

5.- Crea en torno a ti un espacio ecológico donde se respeten especies tan raras como la reconciliación, la tolerancia, el respeto, la sensibilidad, el cariño.

6.- Dedica tiempos para estar contigo y para descansar. Te lo mereces. No cruces deprisa el camino del corazón y haz fiesta.

7.- Abre tus manos para compartir la vida. Siempre queda algo de fragancia en la mano del que ofrece rosas.

8.- Apúntate cada día al Evangelio. Procura dedicar al menos un minuto a leer una frase del Evangelio. Míralo como un hermoso proyecto para la humanidad del siglo XXI.

9.- Entra cada día en la presencia de María y en ella contempla un principio de gozo y plenitud, de belleza y esperanza.

10.- Sé la expresión viva de la amabilidad de Dios. Regala siempre una sonrisa a quien encuentres en tu camino.

11.- No comiences la jornada sin tomar conciencia de que Dios está contigo. Y cuando llegue la noche, abandónate en sus brazos

Tomado de la página de OCD de Reinosa



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