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Vía Crucis

con textos del libro de la Vida de Santa Teresa

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Introducción

Vamos a recorrer con Jesús el camino de la Cruz. Queremos seguirle, entrar con ÉL en el misterio de la Cruz, para que también su Vida Nueva, la que brota de la Cruz y su Resurrección se haga presente en nosotras. Lo hacemos de la mano de Teresa de Jesús, la gran maestra de oración, que vivió su relación íntima con Dios desde una profunda amistad = oración.

Nos dice Teresa: “Representad al mismo Señor junto con vos y mirad con qué amor y humildad os está enseñando; y creedme, mientras pudiereis, no estéis sin tan buen Amigo.

No os pido ahora que penséis en ÉL, ni que saquéis muchos conceptos; no os pido más que le miréis y el mirar de Dios es amar, dejarnos amar por ÉL.

Miradle camino del huerto; ¡qué aflicción tan grande llevaba en su alma!. O miradle atado a la columna, lleno de dolores, todas sus carnes hechas pedazos por lo mucho que os ama”

Le vamos a acompañar haciendo silencio dentro, en nuestro interior, compartiendo con Jesús su enorme sufrimiento, su soledad en esta hora tan terrible, donde nos demuestra el amor infinito que nos tiene, a pesar de nuestras deficiencias, y le vamos a dar gracias por haber entregado su vida por AMOR, para darnos la salvación.

PRIMERA ESTACIÓN: JESÚS CONDENADO A MUERTE

*Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Su Majestad ha sido el libro verdadero adonde he visto las verdades. ¡Bendito sea tal libro que deja impreso lo que se ha de leer y hacer, de manera que no se puede olvidar!”

Jesús ha sido para Teresa el “Libro vivo”. Su encuentro con Jesús ha transformado su vida. Le ha comunicado todos sus secretos, como amiga íntima.

Andar el camino de la vida en compañía de Jesús es un grito de esperanza. Con ÉL, la muerte no tiene la última palabra. Nos espera el gozo inmenso del encuentro definitivo con el Señor que nos recibe con los brazos abiertos.

Hoy abro mi corazón a Ti, Señor Jesús, para aprender verdades: el amor es más fuerte que el odio, el amor no entiende de límites ni de treguas, la Vida se nos da a chorros cuando Tú subes camino del calvario. ¡Gracias, Señor por tu amor!

SEGUNDA ESTACIÓN:  JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS

Nos aconseja Teresa: “No dejen de considerar muchas veces la Pasión y vida de Cristo, que es donde nos ha venido y viene todo bien

¡La CRUZ! Es signo y recuerdo de la entrega con más pasión y más gratuidad jamás vivida, expresión del amor tan grande de Dios.

Cuando el camino es áspero y las cargas insoportables, sabemos que Tú nunca nos dejas solas.

TERCERA ESTACIÓN: JESÚS CAE EN TIERRA POR PRIMERA VEZ

“Si quiere ganar libertad de espíritu y no andar siempre atribulado, nos dice Santa Teresa, comience a no se espantar de la cruz, y verá como se la ayuda también a llevar el Señor y con el contento que anda”

En el mundo hay miles de hombres y mujeres mordiendo el polvo de cada día, aplastados por la depresión y la tristeza, por la violencia y la explotación, por la pobreza o la debilidad, las guerras y el terrorismo. Señor Jesús, tu ternura nos levanta; tus ojos nos regalan una mirada de compasión para los que están caídos. Nos llenas de fuerza para afrontar desde la FE tantas situaciones de sufrimiento. Tú, Señor, sostienes nuestra vida!

CUARTA ESTACIÓN: JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE

“Este Señor nuestro es por quien nos vienen todos los bienes... Qué más queremos de un tan buen Amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones como hacen los del mundo?. Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe sí” “Con  tan buen amigo todo se puede sufrir”.

Nos ha dejado a su Madre para que nos acompañe en nuestro camino. María sale a nuestro encuentro. ¡Cuántas veces salen las madres al encuentro de sus hijos! Su presencia fortalece, ¡y de qué manera!.

Cuando voy a tu encuentro, Señor, me hallo con la luz de tu mirada y sé que nunca me dejarás en el camino. “Eres Amigo verdadero”.

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QUINTA ESTACIÓN: JESÚS, AYUDADO POR UN CIRINEO

“Bien de todos los bienes y Jesús mío, ordenad luego modos cómo haga algo por Vos, que no hay ya  quien sufra recibir tanto y no pagar nada. Cueste lo que costare, Señor, no queráis que vaya delante de Vos tan vacías las manos”

Al arrimar el hombro a toda situación injusta y dolorosa, ¡somos cirineos de Jesús!. ¿Cómo es que necesitas mi ayuda, Señor Jesús?.  Aquí estoy para llevar contigo la Cruz.

SEXTA ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

“Quisiera yo siempre  traer delante de los ojos su retrato e imagen, ya que no podía traerle tan esculpido en mi alma como yo quisiera”. Teresa desea vivir siempre en presencia de Jesús, ser su gozo y comunicarnos a todos las maravillas que realiza con sus amigos.

El gesto de esta mujer (la Verónica) tan gratuito y valiente, nos pone de manifiesto lo que es el amor. Solo cuando consolamos y cortamos la hemorragia de los que sangran podemos descubrir y bordar en nuestro pañuelo el rostro de Cristo.

Cuando te miro, Señor Jesús, con la cruz a cuestas, tu rostro se queda grabado en mi corazón y toda mi vida se abre a tu amor.

SÉPTIMA ESTACIÓN: JESÚS CAE EN TIERRA POR SEGUNDA VEZ

“Acuérdense de sus palabras y miren lo que ha hecho conmigo, que primero me cansé de ofenderle, que Su Majestad dejó de perdonarme. Nunca se cansa de dar ni se pueden agotar  sus misericordias; no nos cansemos nosotros de recibir”. Contemplemos a Jesús caído por segunda vez, deshecho de dolores,  por su inagotable amor y misericordia para con nosotros pecadores. ÉL nunca se cansa de perdonarnos, fue la experiencia de Santa Teresa y también la nuestra. Es un Dios de AMOR, que nos sale al encuentro como al hijo prodigo, para acogernos con los brazos abiertos.

Reconocemos, Señor, que estamos marcadas por heridas profundas: soledad, fracaso, desprecio, falta de afecto, Sumergidas en el pecado. Caídas al dar por bueno lo que es mediocre y al llamar virtud a lo que es cántaro agrietado. Abrazadas una y otra vez a la mentira. Y Tú, Señor, nos esperas paciente. Si caigo por segunda vez, Tú me das la mano. Que yo aprenda a ser misericordioso y paciente con los demás.

OCTAVA ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALEM

“No me ha venido trabajo que, mirándoos a Vos cuál estuvisteis delante de los jueces, no se me haga bueno el sufrir. Con tan buen Amigo presente, con tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir: es ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero”. Teresa nos estimula a poner los ojos en Jesús porque, con EL, se suaviza nuestra cruz de cada día.

Nunca nadie como Jesús dio un papel tan protagonista a la mujer. Quiso beber del cántaro de la Samaritana, perdonó a la que tanto amó, se dejó embalsamar y querer por ellas. A las mujeres abatidas de la tierra, Tú, Señor Jesús, les dices palabras de aliento; eres el Amigo verdadero.

NOVENA ESTACIÓN: JESÚS CAE EN TIERRA POR TERCERA VEZ

“Que ésta llamo yo verdadera caída, la que aborrece el camino (la oración) por donde ganó tanto bien... allí entenderá lo que hace y ganará arrepentimiento del Señor y fortaleza para levantarse”. Es en la oración, en el trato de amistad con Dios, donde Teresa aprende a entender quién es Dios Padre misericordioso y quién soy yo, que aunque quiera ser fiel al amor desbordante de Dios, estoy llena de limitaciones, de pecados.

En nuestro mundo vemos pueblos enteros caídos, incapaces de ponerse en pie. Gentes desorientadas, sin saber qué hacer ni por dónde ir. ¡Tantas personas sin camino, sin conocerte!. Pero si abro los ojos desde el suelo, te veo a Ti, caído por nosotros, gritando al oído: ¡ÁNIMO!, ¡LEVÁNTATE!

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DÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS, DESPOJADO DE SUS VESTIDOS

“Es  muy buen amigo Cristo, porque le miramos Hombre y vémosle con flaquezas y trabajos, y es compañía”. “Con tan buen amigo presente todo se puede sufrir” En Teresa de Jesús la Humanidad de Cristo es el centro de su espiritualidad, cree que así, viéndole Hombre, comprende más sus deficiencias y sufrimientos. A través suyo, es introducida en el Misterio Trinitario, en la morada más íntima. “He visto claro que por esta puerta (Cristo) hemos de entrar si queremos nos muestre Su Majestad grandes secretos...Muy muchas veces lo he visto por experiencia. Es ayuda y da esfuerzo. Nunca falta  es amigo verdadero”.

En cambio, en nuestra sociedad, ¡qué afán por despojar al pobre de su vestido, al hambriento de su pan, a todos los pequeños de su dignidad!. Queremos ser hermanos, pero hacemos rizas la paz. Queremos compartir, pero no dejamos que el pan sea pan nuestro en una mesa común. Queremos respirar aire limpio, pero no respetamos la naturaleza.

Y Tú, Señor Jesús, te dejas desnudar de la vida para vestirme con una túnica de alegría. ¡Cuánto amor el tuyo! ¡Cuánta ingratitud la mía!.

UNDÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS CLAVADO EN LA CRUZ

“Siempre que se piense en Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes (regalos)... que amor saca amor. Y donde no hay amor pon amor y sacarás amor”.

En lo alto de la Cruz se vislumbra el triunfo de la Vida sobre la muerte. Jesús no es un fracasado. Lo absurdo es vencido por el amor y la esperanza.

Al pie de la Cruz abro mis manos y recojo tu amor. ¿Cuándo se despertará mi amor por Ti?

DUODÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

“Díjome una vez el Señor que pusiese los ojos en lo que ÉL había padecido, y todo se me haría fácil... Este Señor es por quien nos vienen todos los bienes. ÉL lo  enseñará, mirando su vida, es el mejor dechado”

Pequeño en la cuna y pequeño en la cruz, pero fuerte para fortalecer toda rodilla vacilante. Nacido en el silencio y muerto en la soledad, pero dando siempre motivos de aliento a todos los abatidos.

Pero tu semilla de amor ya está sembrada en mi corazón; el fruto no tardará en asomarse. “Si el grano de trigo muere, da mucho fruto”, nos dice Jesús.

DECIMA TERCERA ESTACIÓN: JESÚS EN LOS BRAZOS DE SU MADRE

Es bueno pensar las penas que allí tuvo y por qué las tuvo y quién es el que las tuvo y el amor con que las pasó... Se esté allí con ÉL. Juntos andemos, Señor”. Deseo acompañarte en el camino del Calvario pero dame fuerzas porque soy cobarde, siento miedo, pero contigo lo puedo todo.

Toda una vida en los brazos de la Madre; la que sintió el primer aliento, recoge ahora el último suspiro. ¡Todo se ha cumplido!.

Señor Jesús, abro mis brazos para acogerte, como María. Al tocar tu cuerpo muerto, tu amor me recorre por dentro, tu vida vence mi pecado. ¡Gracias, Señor, porque es eterna tu misericordia!.

DÉCIMO CUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO

“Poníame en las manos de Dios, que ÉL sabía lo que me convenía, que cumpliese en mí lo que era su voluntad en todo”. La experiencia del poder y de la misericordia de Dios, de esta gran Doctora de la Iglesia, Teresa de Jesús, le hace sentirse redimida, liberada de todo lo que no es Dios. Sin embargo, no dejara de tener muy clara su condición de pecadora: “un gusano de tan mal olor” y podrá cantar con María: Proclamo la grandeza del Señor porque, a pesar de mi pequeñez, el Señor ha hecho en mí maravillas.

También nosotras, desde la FE, convencidas de que ningún sepulcro puede retener el grito imparable de la vida, porque “la muerte no es el final de la vida”, Con la Resurrección de Jesús, todos resucitaremos para vivir más allá del monte de las lágrimas, donde gozaremos plenamente de la presencia de Dios. Todo será: PAZ, ALEGRÍA, FELICIDAD, AMOR.

Señor Jesús cierro los ojos y me pongo confiadamente en tus manos. Tu eres el único Dios, El único que no defraudas, que me amas hasta dar la vida por mí. Tú conoces mi pequeñez, ves que soy débil, pero quiero decirte de corazón: que se haga en mí tu voluntad, tu proyecto de amor. Amén.

Documentación: Para imprimir



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