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Al amanecer del tercer día

Publicado en LUBARRI. Marzo 2015. Revista trimestral del APA del Karmelo Ikastetxea (Donostia)

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Estamos terminando el tiempo de Cuaresma, el “día del Señor, el tiempo de la misericordia” se canta en uno de los himnos más significativos de este tiempo litúrgico, y nos encontramos con un personaje nombrado en los acontecimientos más importantes que recordaremos estos días: la Crucifixión y el Entierro de Jesús, y será protagonista y parte fundamental en los relatos de la Resurrección.

Sí, me estoy refiriendo a María Magdalena.

De ella se ha hablado mucho a lo largo de la Historia de la Iglesia y no siempre se ha hablado de ella acertadamente, ni se la ha hecho justicia.

No vamos a entrar en ello porque lo que queremos es que nos ayude a vivir la Pascua, ponernos en sus zapatillas y recorrer el camino de la Muerte a la Resurrección, porque su experiencia no es muy diferente de la nuestra.

¿Nos acercamos a ella?

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El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada… María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.

Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?».

María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?».

Ella, pensando que era el cuidador de la huerta,

le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo».

Jesús le dijo: «¡María!».

Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir «¡Maestro!».

Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: «Subo a mi Padre, y a vuestro Padre; a mi Dios, y a vuestro Dios».

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

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El primer día de la semana: María Magdalena aún no lo sabe pero está a punto de inaugurarse, ya se ha inaugurado, un tiempo nuevo, que poco o nada tiene que ver con lo que hace a penas, unas horas, un par de días ha sucedido.

De madrugada, cuando todo estaba oscuro:  el amor nos hace hacer locuras y este levantarse María Magdalena “de madrugada”, “antes de amanecer” ¡con la que estaba cayendo!, siendo mujer, mujer en Israel, mujer entonces, echarse “sola” a la calle, y de noche era un temeridad. Pero tenía que ir. No sólo estaba muerto alguien a quien ella amaba mucho, con la muerte de Jesús moría todo lo que había ido creciendo en su corazón, lo que se había liberado en su vida desde que le conoció y le siguió. ¡Todo había sido un sueño!, ¡Todo, ¿había acabado?! Es la lucha de la fe ¿Tiene sentido en lo que creo? ¿En quién creo?

Lloraba, y así se asoma al sepulcro: El sepulcro, donde residen los muertos, no la queda más que un recuerdo, un cuerpo inerte, quiere agarrarse a lo que sea.

No está el cadáver, en su lugar hay dos ángeles que le preguntan “¿por qué lloras?”: Buena pregunta ¿lloraba por la muerte de Jesús o por su vida después de este desgarrón, desde este vacío, desde esta puerta al sin sentido?

Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto: Ella que no quería creer que moriría, ella que quiere creer en la promesa de la resurrección, ya no tiene ni su cuerpo yerto y sólo puede llorar. Conoció el amor eterno y… se lo han arrebatado.

Al darse la vuelta, Jesús está allí, pero no lo reconoce: El dolor deforma la realidad, nos nubla la razón, no nos deja ver, ni aquello que estamos buscando. Quiere creer y su misma lucha la nubla.

Jesús la pregunta como los ángeles ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? Ni figura, ni palabra, ni respuesta… ella sólo está para su dolor, y no quiere responder a más preguntas, ni ver a nadie, sólo quiere encontrarle, aunque sea muerto.

Si tú te lo has llevado, dime dónde le has puesto y me lo llevaré: ¿llevarlo? ¿ella? ¿cómo? ¿a dónde? Se diría que todo lo tiene en contra. Pero el amor es tozudo, y da fuerzas, y hace avanzar… aunque es de noche.

Jesús le dice: “María”: Sólo una palabra. Su nombre pronunciado por Jesús y el dolor, el llanto, la búsqueda, se abren al infinito, ahora reconoce a Jesús y todo cambia, la noche se hace día, el dolor alegría, el llanto risa, el amor, AMOR.

Ella se vuelve y le dice: “Rabunni” (Maestro): El tiempo de Pasión se ha hecho Pascua. Ha podido reconocerle porque Él la ha hablado primero, la ha llamado por su nombre, se ha producido el milagro.

Ve a decirles a mis hermanos….. y María corrió a anunciar…: El AMOR sigue sin poder estar quieto. María no puede guardarse la noticia y corre.

Estamos en tiempo pascual, tiempo que nos recuerda de modo especial lo que hemos de vivir todo el año: el inmenso amor que Dios nos ha manifestado en su Hijo, ese incomparable don que estamos llamados a vivir. Somos llamados a la vida plena, a nacer de nuevo como hijos amados, a vivir una existencia resucitada. Dios nos llama, en su Hijo muerto y resucitado, a VIVIR, te ha llamado por tu nombre ¿le escuchas? ¡VIVE!.

Mª Victoria (Charo) Alonso



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