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CAMINANDO

Ponerse en forma

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Ya hace tiempo que algo tan sencillo como caminar a buen ritmo, subir por las escaleras al tercer piso, acometer una pequeña cuesta,… me hace sentir que me falta el aire y que mi corazón se acelera como si quisiera abandonarme. Tengo dos opciones o privarme de caminar airosa, coger el ascensor, dar un rodeo, no disfrutar de la naturaleza con mis amigos,…  o, ponerme en forma. Consulto con un experto y me habla de ejercicios aeróbicos y anaeróbicos para recuperar energía. Correr, nadar, ir en bici, caminar, ejercitará mi sistema cardiovascular, mientras que hacer pesas, carreras de velocidad tonifican,… fortalecen el sistema musculoesquelético. Una combinación de ambos tipos mejora la salud y ayuda a alcanzar las metas deseadas.

En el Sermón de la Montaña, Jesús de Nazaret, nos muestra el camino de los cristianos. Todos sabemos por experiencia que no es algo que nos salga de natural y por eso necesitamos ejercitarnos, salir de nuestra inercia, apatía y modorra.

Tres ejercicios nos propone el Maestro que, hechos con amor, nos llevan a la experiencia del Resucitado.

 

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ORACIÓN«...Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en pie en las sinagogas y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Para orar entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre a escondidas, y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará» (Mt 6,6)

El valor de la oración está en el encuentro espontáneo con el Otro. No se ora porque está mandado, porque es la hora, porque qué dirán si no me ven “orando”. Se ora porque se ama. Porque estoy “con quien sabemos nos ama” (Sta Teresa de Jesús).

Alabo, adoro, agradezco, vivo cada momento del día en su presencia, pero reservo un momento íntimo de mi día para estar con Él, sólo con Él.

La oración nos hace entrar en el pensamiento de Dios y exponerle filialmente nuestra realidad.

“La oración es la fuerza del cristiano y de cada persona creyente”. (Papa Francisco)

AYUNO«...Cuando ayunes que no sea evidente, porque así hacen los hipócritas tratando de tener una apariencia miserable y andan desarreglados para que la gente los admire por sus ayunos… cuando ayunes, péinatey lávate la cara… nadie se dará cuenta de que estás ayunando, excepto tu Padre, que está en lo secreto» (Mt 6, 16-18)

En la mayoría de las religiones de la antigüedad se practica el ayuno como medio para atestiguar que todo lo recibimos de Dios y a Él vuelve. Al altar se lleva lo mejor de la cosecha, el cordero más hermoso, lo mejor de la propia vida absteniéndose de los alimentos y/o de aquello que se siente como más imprescindible.

“El ayuno comporta la elección de una vida sobria en su estilo, que no derrocha, una vida que no “descarta”. Ayunar nos ayuda a entrenar el corazón a lo esencial y al compartir”. (Papa Francisco)

 

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LIMOSNA«...Cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha» (Mt 6, 2-3)

La limosna (solidaridad) no consiste sólo en dar unas monedas sino, ante todo, en compartir el sufrimiento del otro que es mi prójimo, que es mi hermano.

La limosna cristiana es el encuentro de dos manos que se tienden una hacia otra. Se expresa como don material, don de nuestro tiempo, don de nuestra amistad,… todas esas formas de la limosna cristiana son una obra de justicia fraterna.

“La limosna nos ayuda a vivir la gratuidad del don, que es libertad de la obsesión de la posesión, del miedo de perder lo que se tiene, de la tristeza de quien no quiere compartir con los demás el propio bienestar”. (Papa Francisco)

“¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios!”

(Misericordiae Vultus 5)

No dejes de ponerte en forma.

Mª Vivtoria (Charo) Alonso

Publicado en LUBARRI - Marzo 2016



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