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Padre Nuestro en adviento

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Padre nuestro... ¿dónde te has metido? Mira que te esperamos, deja todo lo que tienes entre manos y ven aprisa... Se llega la hora y tenemos todo «patas arriba» ¡Te necesitamos!

 

Que tu nombre suene por los altavoces de los centros comerciales, que seas reclamado en los estadios de fútbol, en las grandes convenciones, en los hospitales, en los centros de trabajo..., incluso hasta en el Congreso de los diputados..., pero sobre todo y ante todo, que tu nombre suene en nuestros corazones.

 

Venga a nosotros tu reino, tu persona, ¡sí! Cuanto antes, acude rapidito y no te entretengas por el camino, a ver si entre todos arreglamos este desaguisado en el que hemos convertido tu mun­do, nuestro mundo.

 

Hágase tu voluntad, confiamos en tu justicia, sabemos que tu venida nos descolocará y a más de uno nos saldrán los colores, pero te necesitamos tanto que...

 

Danos hoy tu pan, llevamos mucho tiempo esperando, atiborrándonos de mediocridades. Que tu pan, tu palabra, tu persona, sacie nuestro apetito, el que surge de lo más profundo de nuestro corazón.

 

Perdona nuestras ofensas, sobre todo nuestra «pachorra» y es que se está tan bien sin preocu­paciones, que muchas veces desearíamos que Tú no vinieras, que todo siguiera como está.

 

Solamente tu venida nos ayudará a perdonar de corazón a nuestros hermanos y a transmitir­les «esperanza de la buena,» de la de quien pone cada día su mano en el arado, sabiendo que otra Mano vendrá y sostendrá las nuestras y llegará allí donde nosotros no lleguemos.

 

 

 



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